Escribir desahoga los corazones pero no soluciona los problemas… Hartos de escribir folios y folios, toda la vida escribiendo páginas en blanco, bolígrafos gastados, malgastados. ¿Cuántos árboles han rozado nuestras manos? ¿Para qué? Para soltarlo, decirlo, contarlo, ¡gritarlo! ¿Y luego qué? ¡NADA! Todo sigue igual, los problemas hay que afrontarlos sin una hoja que nos separe de ellos, cara a cara, y con el valor suficiente de gritarles que desaparezcan de tu vida. Pero… ¿tú tienes ese valor? A veces el valor huye, escapa, te deja indefenso y solo contra el mundo y así el miedo despierta en tu regazo…
A veces tengo miedo, lo confieso, un miedo irracional porque todavía nada ha sucedido. Miedo a la posibilidad de que suceda lo que más odias. Miedo a ser igual que ellos, a no aprender de los errores (por pocos que puedan ser) a que la locura también se apodere de las paredes de mi pequeño hogar…
Me prometo, me juro a mí misma que nunca va a ser así, pero a veces me sorprendo apuntando maneras… luego todo es llanto y miedo, miedo y desesperación, y de nuevo llanto…
Impulsos del corazón reprimidos por tu cabeza, gritos ahogados en almohadas llenas de lágrimas, papeleras repletas de clínex rehusados, cojines maltratados por puños fueras de sí y a veces hasta marcados por mordiscos de rabia, mientras suenan esas canciones melancólicas… y luego todo sigue igual. Dormir abrazada a la almohada, sin poder respirar como desearías, encharcada en llantos y encima con una cara hinchada y espantosa y la cabeza a punto de estallar… ¿para qué? Mil vueltas a la cabeza, discusiones internas, diálogos en voz alta, juramentos que luego no se cumplen, sueños volando a tu alrededor...
Ya se han acabado las rachas, ya es todo los días lo mismo, pura rutina y cada vez tu corazón se daña más y tu cabeza se desgasta… Te cansas… Pierdes los papeles… ¡Lo odias todo! Y no sin razón…
Tu mente intenta huir cuando tu cuerpo está atrapado, quiere evadirse, pero nada… otra vez empieza ese rutinario teatro, una y otra vez lo mismo y cada día sufriendo de nuevo.
En el fondo sabes que es inevitable tener miedo, pero intentas con todas tus fuerzas que no te cubra, nada, no desaparece… Únete a él, quizás sea, en lo que te queda, tu único aliado, hasta que explotes o huyas, tu único buen amigo.
A veces tener miedo es de inteligentes…
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