
Yo y mis discusiones internas, yo y mis interminables diálogos sobre lo que está bien y mal, sobre la moral, sobre sabias decisiones…
¿Sabes? Siempre escojo la correcta. Sí, siempre estoy de acuerdo con la moral, otra cosa es llevarlo a la práctica.
Últimamente intento mantener mi libido bajo control, pero mis sueños me traicionan, perturban mi tranquilidad. Mi propio subconsciente me da la espalda, me pone a prueba y me despierto cada vez más acalorada, cada vez más lejos de él y más cerca de la locura.
Mi interior me habla, aunque lo cierto es que me chilla desesperadamente, me grita con todas sus fuerzas y vuelven a escapar de mi interior la indecisión y la cobardía.
Y de nuevo empieza todo con un final más bien trágico. Quizás deba intentar crear uno más feliz, o al menos, menos desastroso o simplemente no crear un final.
Y ahora… ¿Cómo lo hago? Para esto no hay nadie que me ayude. Solo estoy yo y mis miedos, yo y mis inseguridades, yo u mis excusas, yo y mi jaula, yo y mis deseos, yo y mi egoísmo. Yo, él y nada más.
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