Bienvenidos y muchas gracias

He aquí mis más recónditos pensamientos, esos que no suelen salir a la luz, esos que te corroen y que solo sacian expulsándolos, compartiéndolos aunque nadie los lea, aunque a nadie les interese. Porque todos necesitamos desahogarnos y, de paso, saber quienes se molestan en comprenderte, en escucharte y en consolarte en la medida de lo posible. Solo espero que quienes por casualidad caigan en las garras de este trocito de mi vida, pequeño pero intenso como el que más, sientan similitud con lo que me vuelve loca día tras día, para así no ser la única loca de este planeta.

jueves, 5 de enero de 2012

MOM

A veces pienso que llegará un momento en el que ella, al igual que todo el mundo, deje de existir, e invento métodos para poder recordarla cuando no esté. Este año me he dado cuenta de lo importante que es para mí que esté a mi lado. Me he dado cuenta de que ella es lo mejor que tengo y la que siempre estará conmigo cuando lo necesite y cuando no lo necesite.

Ella me cuida, me quiere como nadie más en el mundo, me mima, me besa, me añora, me acurruca, me consuela, como una madre, como mi madre… Probablemente antes no supiera apreciarlo, pero ahora sé que es lo más grande de mi vida. Ella a la que tanto quiero. Ella por la que lo daría todo.

Por todo esto, no puedo pensar que llegará un día en el que ya no esté a mi lado, en el que no vuelva a sentir su voz, ni sus besos, ni su mano en mi cara, en el que no vuelva a verla, en el que no juegue con ella a ese estúpido juego inventado, e incluso en el que no discutamos por simples tonterías. No quiero ni pensar en el día en el que no esté sentada en el sofá y yo vaya a abrazarla, a incordiarla, a consolarla, a ayudarla y darle vida a mi manera, a nuestra manera. En el que no me de la mano cada vez que coma y no me tumbe encima de ella buscando caricias.

No quiero pensarlo… pero llegará. Y cuando lo haga sé que me arrepentiré de muchas cosas. Por eso hoy por hoy intento hacerlo todo correctamente, intento no tener que arrepentirme de nada. Cada vez que me enfado intento rectificar, rectificar porque sé que llegará un día en el que no pueda hacerlo. Intento decirle cada día cuánto la quiero y cuánto la necesito. Así, cuando llegue el momento en el que no pueda decírselo, sabré con certeza que se fue segura de mi amor.

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