Escribiendo algo para ti, no sabía cómo comenzarlo, eso siempre es lo más difícil, tomar la primera decisión. Pero cuando esta se toma, las demás vienen entrelazadas, salen solas…
Pero sí, comencé algo, y aunque no estaba del todo contenta con ello, seguía escribiendo. Y cada nueva palabra, me gustaba aún menos. Pensaba que cuando lo leyeras ibas a detestarlo, que no te serviría para nada, que no te ayudaría. Y es que ni siquiera me gustaba a mí, a su autora.
Al fin me di cuenta de que debía eliminarlo del mapa, hacerlo desaparecer, borrarlo y comenzar algo nuevo y mejor. Rectificar, que dicen que es de sabios, y yo, necesito un poco de eso. Y ¿sabes qué? Esto es lo nuevo que te escribo. Un simple texto que te cuenta cuál fue mi fallo, un texto que demuestra que soy imperfecta y que no me importa gritarlo.
No me importa gritarlo, porque sé que todo aquel que me quiera, que todo aquel que merezca la pena en mi vida (debajo de todas esas capas que nos esconden), como tú, no me juzgará. Solo estará a mi lado. A mi lado apoyándome en mis decisiones y acompañándome en mis errores.
¿Qué importa que aquellos que pasan por tu vida sin importarles lo más mínimo te juzguen? Ellos nunca serán justos con las palabras. Ellos no se preocupan en conocer tu mente y menos quizás tu corazón. Ellos hablan por hablar, porque no hay nada mejor qué hacer y porque alguien también habla de sus vidas. Ellos envidian la felicidad ajena. Ellos envidian tu libertad, siempre que ellos no puedan tener la suya propia. Ellos no merecen tu sufrimiento.
Pero tú si mereces vivir tu vida como tú misma elijas. Sin perjuicios, sin temores, sin el qué dirán, sin nada externo que te haga tambalear tu cabeza, sin miedos, sin heridas.
¿Pueden herirte palabras salidas de bocas extrañas? Son palabras sin sentido alguno. Palabras que comentan sin ver, que hablan sin saber, que inventan por vicio, que creen ser sabias. Palabras que intentan ajustarse a lo “moralmente” correcto, pero que salen de bocas de personas que te envidian por ser capaz de hacer lo que deseas, de vivir como vives, de tener lo que tienes. Sin miedos, sin temor a esas mismas palabras. Personas que desearían cambiar sus vidas por la tuya.
No existe lo estereotipado, lo correctamente social. No en tu vida, no en tu cabeza. Entiérralo. Crea un mundo nuevo a tu alrededor, otra visión. Déjate ver. Sé tú misma. Ríe cuando de verdad lo desees y no cuando ellos lo hagan, llora cuando lo sientas y no cuando debas hacerlo, enamórate las veces que tu corazón lo sienta y no esa única y “perfecta” vez para toda la vida. No dejes de vivir por el qué dirán, al fin y al cabo, son solo palabras y las palabras se las lleva el viento ¿Por qué no se llevará con él también a aquellos que las dicen?
¿Ves? Al final conseguí tu texto perfecto. Perfecto para mí y no me importa nada si para nadie más lo es, porque yo me siento satisfecha y sé que tú lo estarás tan solo porque yo lo estoy. Así es como funcionamos. Así funcionan quienes se quieren. Al final, y después de muchos tachones, errores, rectificaciones, flechas, asteriscos aparte y sobre todo tiempo (el tiempo necesario para cada párrafo) se consigue lo que se desea, lo que tú deseabas. Después de eso, son tu mente y tu corazón los que deciden acallar o dejar estar lo demás.
En la vida pasan cosas porque simplemente tienen que pasar. Y todas ellas pueden ser como señales (de donde quieran que vengan), imprescindibles y otras indiferentes o insignificantes. Eres tú la que decides con cuál quedarse y cuál dejar atrás. Con cuál vivir por siempre y a cuál frenar para siempre en su momento. Todas ellas pueden ser buenas. Buenas si en sus caminos tú eres buena. Sin arrepentimientos, sin lamentos, mirando por tu futuro y no por el de los demás. Porque tú no vivirás sus vidas ya que con una tienes bastante y no tienes más que vivir la tuya y dejar en paz la de los demás.
Quizás el destino no exista, quizás la suerte tampoco. Pero tú puedes hacer de tu vida lo que más te guste y eso es algo muy cierto que no tiene precio.
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