
Siempre recordaré cuanto te deseé y cuanto pedí porque vinieras a casa, porque aparecieras en mi vida… No se me olvidará el día que llegaste a mi lado… Con esos pelitos tan cortos y tan locos, así como rizados… Con ese lazo que luego nunca quisiste vestir más… Y pensando que no eras para mí, engañada hasta el día decisivo… Y tu primer zapatito con sonido… Sí, ese negro con cordones blancos que ahora me gustaría conservar…
Y aquella vez que yo estaba enferma y tú no quisiste bajarte de los pies de mi cama… esa vez me sentí como nadie puede sentirse jamás… Sentí todo el amor que nadie más ha podido tenerte nunca… También recuerdo aquella vez que quisiste salir a la calle y sin quererlo desapareciste en brazos de un desconocido… Si no te hubiéramos encontrado sé que nunca me lo habría perdonado… Y todas las veces que me recibías en la puerta de casa, contenta de que volviera de nuevo, cosa que afortunadamente se convirtió en rutina… Cuando jugábamos con esos muñecos que te volvían loca o cuando comías simplemente porque yo no te dejaba hacerlo… Y me esperabas en mi toalla de los pies al vapor de la ducha… Pero huías de la tuya cuando me veías cogerla… Y me regalabas momentos en los que convertías mis piernas en tu cómoda camita, buscando mi calor y mis caricias… Y así te dormías mientras ronroneabas…
Me has dado momentos de disgusto, de tristeza, de duda, de desesperación, pero por supuesto, los que más, han sido de felicidad, de alegría, de amor, de ternura, de seguridad, de diversión… Todos ellos irrepetibles, intercambiables, imprescindibles en mi vida…
A veces me arrepiento de algunas cosas y comprendo que no deberían haber sido así, pero sin embargo, tú has demostrado todo tu cariño incondicionalmente, perdonando todo lo que no hemos hecho bien… Y por eso, eres aún más especial… Porque todos nos equivocamos… Gracias por ser paciente y comprensiva.
Echaré de menos todas las veces que te hablaba y te contaba todo lo que hacía y lo que pensaba, todos mis secretos, mis sueños, mis deseos y mis preocupaciones… Y tu sentada enfrente de mí, mirándome fijamente con la cabecita un poco daleada, como si entendieras cada palabra a la perfección… Haciéndome compañía cuando estaba sola y acompañándome en mis estados de ánimo… Tú eres la que más sabe de mí…
Has estado junto a mí toda mi infancia y mi adolescencia, catorce años bien completos… Y has sido mi hermana, aunque algunos no quieran aceptarlo, lo has sido antes y siempre lo serás porque nunca podré olvidar toda la compañía, el amor y la confianza que has depositado en mí…
No puedo creerme que nunca más vaya a verte, a hablarte, a acariciarte, a achucharte, a besarte, a abrazarte… No puedo creerlo… No puedo porque no quiero hacerlo… Y sé que te veré por todas partes, que te escucharé arañar mi puerta y andar por el frio mármol y que te oleré en esa manta… Sé que me torturaré durante mucho tiempo…
Ahora tu llama se apaga poco a poco y yo necesito estar contigo, viendo como el soplo de la naturaleza se lleva tu vida, y tú mereces que yo esté ahí… Y egoísta de mí por querer tenerte conmigo todo el tiempo del que no dispones y más aún… Suerte, porque tu vida ha sido plena y envidiable y la agonía no te acompaña a tu lecho… Nadie es quién para soplar esa llama y acabar con una vida, pero lo último que desearía es que el dolor quisiera cruzar contigo el camino, y pensando siempre en ti, y dejando el egoísmo a mi espalda, ya todo está decidido… aunque nada está seguro dentro de mi cabeza… Sé que por una cosa o por otra siempre me torturaré pensando como hubiera sido…
Lo único que tengo claro es todo lo que te voy a echar de menos cuando te vayas a donde quiera que sea, cuando nos dejes en esta cruel vida sin tu compañía… Lo sola que voy a sentirme y lo mucho que lamentaré y lloraré tu perdida… Y ahora y siempre he tenido claro que te quiero y te querré y que tu hueco en mi corazón siempre estará presente y nunca será sustituido por nada ni nadie… Y tan solo espero que hayas vivido como deseabas y como merecías, que no tengas quejas de todo lo que te hemos dado, que no estés triste, que tus ojos se cierren porque solo sientas sueño y que sepas que has sido lo más especial que he tenido en mi vida…
Y ningunas palabras son suficientes despedidas, porque tú eres más que palabras, porque estos sentimientos son mucho más que palabras… Porque todo lo que diga se queda corto para lo que podría decirte si de verdad me hiciera a la total idea de que te vas y que nunca más volveré a verte… Porque nuestro lenguaje no tiene manera de expresar lo que hemos vivido…
Y me pregunto si cuando la vida se te vaya, seré capaz de estar en los lugares donde tú continuamente estabas, si podré de acordarme de tu tacto y de tu físico, de tus ojos y de esa nariz con manchitas… ¿Seré capaz de cerrar los ojos y verte? ¿Podé soportar tenerte en mis fotos sin poder cogerte en brazos y achucharte? Imagino que al final me haré a la idea de ello por mucho que no quiera que ocurra… Pero eso nunca significará que te he olvidado, no… Eso significará que entonces podré recordarte sin que el recuerdo me haga daño… Entonces será cuando entenderé que todos tenemos que pasar por lo que tu estas pasando…
Podría llevarme escribiendo horas y horas y así rellenar páginas con frases sobre ti, sobre mí y sobre nosotros… Pero muchos de los recuerdos no pueden plasmarse en papel, solo están dentro de mi cabeza, de mi corazón y pienso guardarlos y recordarlos por siempre… Nadie sabe cuánto TE QUIERO… Nadie sabe cuánto lo siento… y solo espero que cuando nos reunamos hayas sabido perdonarme…
No hay comentarios:
Publicar un comentario