
Y pensar que siempre dudé del destino, y pensar que siempre me pregunté si existiría la casualidad y pensar que cuando pienso ya estaba escrita cada frase que mi mente (inocente de ella) cree que construye, que todas las paradas entre esos pensamientos iban a ser las que son y que nada puede cambiarlo…
Todos nos preguntamos alguna vez si el destino existe, si todos los efectos mariposas (aunque podrían ser resumidos en uno) estaban ya planeados. Todos nos preguntamos alguna vez si somos los dueños de nuestros actos… La vida, más por vieja que por vida, nos da lugar a entender que somos marionetas movidas por nuestras propias manos, pero en el momento menos esperado, su sabiduría nos muestra la existencia del caprichoso destino y nos confunde de nuevo…
Nunca sabremos, o mejor dicho, creo que yo nunca llegaré a saber la respuesta a este tipo de preguntas, pero por ahora me basta con saber que si existiera un destino, es él el que quiere que no nos separemos, el que hace y hará lo imposible para que todo suceda tal como tiene que suceder. Yo me conformo al pensar que todo lo que hemos vivido ha sido por alguna razón y que todo lo que en el total de nuestras vidas vivamos, ya siempre estará dividido en dos… Un antes y un después a ese glorioso momento que nos salvó en el mayor bache que yo recuerde hayamos tenido nunca… ¿No es eso el destino? ¿Qué más dará todo lo demás?
Una simple señal se plantó ante nosotras provocando leves risas que luego se convirtieron en fascinación y eso nos llevó a olvidar todo lo que salió de nuestras bocas, todo lo que sale de cualquiera cuando la razón se ausenta un rato… Y después de eso pensé aún más, recordando nuestro pasado… y alucinando entre mis paranoias me percaté de que quizás (y digo que solo quizás), el destino interviniera antes de una manera menos clara… Porque no hace mucho no vivíamos como ahora, no hace mucho el círculo de ambas no era el mismo, no era el que el destino quería y… ¿sabes qué? Que entonces nos fuimos a la playa…
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