Y se fue tan rápido como había venido. Y se fue dejando y arrebatando tanto como pudo y quiso… Pero se fue y no volverá jamás. Por eso es mejor no arrepentirse de todo y cuanto has logrado, de todo y cuanto no has realizado…
Vivir lo que fue dejando y recordar de lo que arrebató, pero solo lo que merece la pena ser recordado y siempre en su junta medida… Siempre sin dejar que el recuerdo obstaculice lo que tenga que pasar.
Y somos tan diferentes… Aunque quizás solo por la etapa en la que estemos. Porque algunos lo despedimos con una lágrima y otros efusivamente, mientras que otros ni si quiera se molestaron en mirar cómo se marchaba… Y es que el paso del tiempo lo hace inevitable y se dedica a acumular arrebatos que ayudan a odiar las despedidas y a desear que el tiempo corra más que nunca… Mientras algunos que no vivimos mucho solo deseamos que el tiempo se pare, que no corra, que simple o complejamente no exista el tiempo…
Los que todavía no tenemos tanto que perder recibimos y damos bienvenidas con los brazos abiertos a lo que nos depara y poco a poco el hueco se estrecha un poco, se estrecha hasta cambiar de etapas sin ser si quiera conscientes de ello y así acaba cerrándose completa y totalmente…
Lo único que nos une, lo único que no cambia a lo largo de los fugaces años es el ansia por encontrar lo que todo el mundo busca… Por encontrar lo que te falta, lo que no tienes, lo que nunca has podido conseguir… Y cuando lo consigues siempre vuelve a aparecer algo que deseas, algo que siempre has querido o que te hace creer que siempre has necesitado para poder ser feliz… Pero lo único que nos falta para ellos es la conformidad. Algo que pocos tienen y que es lo que todos andamos buscando, aunque no sepamos el porqué y ni si quiera exactamente dónde y cómo encontrarlo…
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