Bienvenidos y muchas gracias

He aquí mis más recónditos pensamientos, esos que no suelen salir a la luz, esos que te corroen y que solo sacian expulsándolos, compartiéndolos aunque nadie los lea, aunque a nadie les interese. Porque todos necesitamos desahogarnos y, de paso, saber quienes se molestan en comprenderte, en escucharte y en consolarte en la medida de lo posible. Solo espero que quienes por casualidad caigan en las garras de este trocito de mi vida, pequeño pero intenso como el que más, sientan similitud con lo que me vuelve loca día tras día, para así no ser la única loca de este planeta.

jueves, 21 de abril de 2011

NO ES EL MOMENTO NI EL LUGAR

¡Para! ¡Fuera! Olvídame, déjame, apártame de esto… ¡Haz que se calle de una vez! ¡Dile que salga de mi cabeza! No es el momento ni el lugar adecuado. No es perfecto ni tan solo increíble. No es nada más de lo que debería ser. Simplemente no puede serlo... No ahora, no hoy, ni mañana, ni siquiera cualquier día de mi vida… Lo odio todo. Odio desde el menor apéndice, hasta la mayor de las excusas habidas y por haber. Odio el hecho de no poder, el hecho de querer, el hecho de ser tan consciente de la realidad, el hecho de no poder dejar de sentir, el hecho de no poder parar de pensar… Y la cabeza me da vueltas y más vueltas. Gira mil veces en torno a lo mismo, pero cada vez ella está más segura de que lo logrará, y yo cada vez estoy más segura de que al final será como ella quiera que sea y cada vez estoy más decepcionada de no poder cumplir las palabras más importantes hasta ahora dichas… Las que por fin han conseguido diferenciarme de hasta todos los más mínimos, inapreciables y remotos habitantes de este planeta…

Necesito seguir siendo inconsciente de lo que ocurre a mi alrededor, de las consecuencias que los actos acarrean, de los actos en sí, de la gente que permite que las cosas ocurran, del mundo loco en el que vivimos. Necesito desconectar de mi mente, de mi corazón, de mi vida. Necesito abstraerme de la realidad por solo un momento y ver mi vida desde fuera. Verla desde unos ojos no contaminados, escucharla a través de unos oídos vírgenes, tocarlas con manos fértiles y apreciar los errores y las horribles consecuencias de esos egoístas actos que han llenado mi vida de experiencias. Experiencias inevitables por las que ninguna persona en su sano juicio querría pasar, experiencias que me hacen odiarme, odiarte, odiarlo todo…

No es fácil tomar decisiones, y menos cuando tantas imprescindibles y maravillosas situaciones están en juego, cuando todo tu ser depende de aquello que decidas en un preciso instante. Un instante condicionado por miles de circunstancias a las que también odias… Pero la solución a todo es ser tu misma. Sea cuál sea el problema, siempre es esa la solución. Una solución que te persigue constantemente, que no te deja vivir conforme a tus creencias morales, que te hace improvisar, que te hace ser imprevisible, que te impide centrarte en otros asuntos. Pero esa es la mejor forma de terminar las cosas e incluso de empezarlas... Dejarse llevar, hacer, decir o mover, cuanto, cuando y como quieras, desees o prefieras… El tiempo decide cuando, pero el aire mueve lo que ocurre y tú respondes ante todas aquellas manifestaciones ajenas que propician el juego. Que lo hace llamativo, que intentan por todos los medios que seas tú él que te fijes, el que caigas en la trampa como un simple mosquito en una tela de un animal más hábil que él.

Sé tú mismo, se tú mismo, se tú mismo… Cansada de escuchar las mismas palabras una y otra vez. Cansada de admitir en cada golpe que son más que ciertas, cansada de que a pesar de que las tienes en todo momento en cuenta, de que las tienes en práctica, siempre ocurra de la misma manera. Indefensa ante tanta realdad, impotente ante la necesidad cambiar ¿Y ahora? ¡Miedo! Y mil veces más… ¡Miedo! Sé que no me cansaré de admitirlo, de repetirlo, hasta agotar el último atisbo de voz… Miedo de que de nuevo el cansancio me corroa por dentro, miedo de que ese cansancio del que me deshice un lejano día vuelva de nuevo, de que se una a mi piel y no pueda despegarse, miedo de que ese cansancio me haya echado de menos, miedo de que la que lo eche de menos sea yo… Y aquí comenzó siempre la historia de nuevo… Una y otra vez lo mismo, un circulo infinito… Sin poder evitar ser yo misma, sin saber diferenciar el egoísmo de la diversión, de la pasión, del romanticismo… Sin saber qué me depararía el futuro. Sin saber nada… Como ahora… ¡Nada! Y es que, hasta que las cosas no tomen su curso, nunca podrás saber…

Y tan solo el hecho de pensar que una de las oportunidades será la verdadera, hace que quiera jugar de nuevo. Que por muchas pegas, por muchos inconvenientes que aparezcan de la nada, merece la pena saber si estaría desperdiciando la gran oportunidad de mi vida… Merece la pena realizar las mismas jugadas de nuevo, merece la pena apostarlo todo, jugar lo más espléndidamente posible… La partida lo merece, ella no es culpable de nuestro cansancio, de nuestro miedo, de nuestro egoísmo… Ella no merece perder por todas tus partidas anteriores perdidas… Ella merece una mínima oportunidad y tú… Tú mereces saber la verdad, mereces dejar atrás esa intriga que te corroe, mereces ser feliz de una vez por todas, mereces lo que llevas buscando desde hace mucho… ¡Tú lo mereces! Y la partida espera paciente su oportunidad… Entonces es cuando te desboronas… Cuando la batalla es más fuerte que nunca. Cuando la batalla se alimenta de tu debilidad.

Todo claro, todo estudiado, todo milimétricamente ajustado, pero el impulso y la moral compiten contra sí, una batalla nunca antes tan igualada…

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