
Sé que no vas a aparecer de la nada, que me has mentido y utilizado cuando yo por una vez intentaba hacerlo bien, pero aún así a veces te busco inconscientemente, te busco hasta que por fin recuerdo que no voy a encontrarte más, que no voy a volver a olerte ni a besarte.
Aunque tuviera mis dudas fuiste importante, un compañero que creía fiel y cercano y sin embargo el desenlace siempre muestra la cara verdadera, y así se mostro muy diferente de mi falso idealismo.
Hoy me he levantado a las tantas, me pesaba el cuerpo, tenía marcas de sabana por todos lados y los ojos demasiado hinchados de tanto llorar, con mucho sueño de tantas horas en vela y con el ánimo por los suelos. Pero tú me has hecho ver que nada de esto merece la pena, que he malgastado lágrimas por alguien que al final de la historia no me dio lo que merezco, por alguien que no es capaz de ser sincero y por alguien que creo realmente frio y cruel.
Impotencia, al no tener poder para destruir ese muro inquebrantable que tapa toda la verdad verdadera, eso es lo que sentí, impotencia. Ese muro enorme y frio. Tan impasible y despreocupado que literalmente me dejó sin palabras e incluso sin pensamientos, respondiendo como quien respira. Atónita. ¿Es una lección para que deje de ser justa, sincera y buena? Al menos eso es lo que parece.
Bueno… al menos así tomamos un lindo café y volvimos a casa. No nos confundamos, él a la suya con su rutina diaria y yo a la mía a pasar la noche en vela entre llantos y comederos de cabeza. Pero no lo olviden, el café estuvo exquisito, sin duda, uno de los mejores de mi vida.
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