
Hace un par de días que no duermo bien y hoy el hambre ha desaparecido. No puedo dejar de darle vueltas a la cabeza y las ideas vienen y van. Algunas puedo retenerlas, pero otras se me olvidan aunque recuerdo que eran buenas.
Me tiemblan las manos, lloro y voy al baño incontables veces. ¿Esto es lo que pasa algunas horas antes de llegar a una decisión tan importante? Si ni siquiera sé qué voy a decir ni cómo voy a hacerlo. No sé tan si quiera si me saldrán las palabras o me quedaré muda. Y se supone que hago lo correcto, para todos, se supone que lo hago por mí. Pero las dudas todavía no están resueltas y no sé si lo estarán cuando llegue el momento, aunque esperanza no me falta.
Para variar tampoco sé que parte de mi cabeza escuchar, o mejor que parte de mí misma… ¿Por qué tiene que ser tan difícil? ¿Y si chasco los dedos y me ahorro el…? No sé que me ahorraría… ¿El momento? ¿El mal trago? ¿La decepción? ¿El sufrimiento? Quizás así tampoco me lo ahorraría, quién sabe. Pero tengo que hacerlo. El desenlace tiene que llegar, pero eso no significa que esté preparada para verlo, para sentirlo...
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