Cada vez lo tengo más claro, no quiero estar atrapada en este solitario lugar… Pero de alguna forma lo siento así. Quizás sea el miedo al cambio, igual que siempre.
Hoy me ha invadido otra buena llantina, el resto… pero esta vez no estaba sola. Un simple comentario sin importancia y los labios se aprietan, la barbilla comienza a temblar, tu mente comienza a dar vueltas de una idea a otra, las manos se van instintivamente a la cara, tus piernas corren hacia un sitio solitario, los ojos no pueden más y rompes a llorar.
Y sola sin poder gritar y desahogarte, en medio del bosque, lloras en silencio, aunque a veces se te escapan gemidos ahogados… Cubrirse la cara con las manos para disimular por si alguien pasa, frotarte las sienes, empaparse la cara de lágrimas intentando limpiarlas, la nariz atascada, la cara roja, los ojos hinchados…
Y se te acercan a preguntar, más que por consolar, por tener algo nuevo en lo que distraerse. Y solo quieres estar sola, llorar tranquila, preguntarte porque mil veces, gritar, soltar la energía golpeando algo. Pero no quieres compañía… Los echas a todos, no puedes verlos con esas caras falsas de preocupación, no puedes escuchar esas preguntas interesadas.
Y entonces decidí volver a “casa”, lavarme la cara, pintarme para tapar las marcas de los ojos, sonreír falsamente, esconder durante unas horas los problemas y volver al trabajo como si nada hubiese pasado. Pero durante todo ese tiempo estaba pensando que he aprendido mucho de este lugar, más de lo que imaginaba, y decidiendo que no estaré mucho más...
Espero que estes mejor... Te quiero.
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