Bailamos
durante toda la noche. Yo jugaba con su fina y negra corbata. Le queda
demasiado bien… Y yo la agarraba con firmeza y tiraba de ella, de él… Tiraba
hacia mí, hacia abajo, hasta tener su cara enfrentada a la mía. Y nos besábamos…
¡Toda la noche! Y el jugaba con mi ajustado collar al cuello. Tiraba de mí
desde atrás, lo mordía… Hasta que me encontré con mi espalda pegada a la pared,
besándonos como locos, tocándonos hasta donde la moral nos dejaba…
Y así decidimos
sentarnos, apartados de todos, mirándonos a los ojos, besándonos… Y así no nos
separamos en toda la noche… Y yo me encontré sentada en la esquina del sofá, y
él estaba de pie, con mis piernas entre las suyas y su trasero enfrentado a mi
cara… Ese que tan loca me vuelve… Y comenzó a moverlo, a bajar, a subir… Y mis
manos no pudieron evitar tocar sus piernas, agarrarlas, apretarlas mostrando mi
excitación… Y entonces se bajó del sofá, se sentó a mi lado, me cogió la cara
entre sus dos enormes manos, me besó y condujo mi oído a sus labios… Y
sensualmente de ordenó hacer lo mismo para él…
Yo
obediente y encendida, encantada y sumisa le obedecí, mirando antes a todos
lados, tímida porque alguien pudiera estar mirándonos… Entonces me di la vuelta
dándole mi espalda, entreabrí mis piernas, bailé un poco para él, incliné mi
tronco hacia delante, apoyé mis manos en la pequeña mesa y comencé a moverme
suave y delicadamente. Y apoyé un pie en el sofá, el otro… Hasta que mi trasero
estuvo a la altura de su cara, y lo moví de nuevo, un poco más rápido…
Y
él, con su cara desencajada por la sorpresa y la excitación, posó sus manos en
mis muslos, los apretó, las bajo y las subió despacio, palpando mi cuerpo, tocándome,
memorizándome, sintiéndome… Me tocó cuidadosamente hasta que su primitividad
sustituyó a su civilización, a su fuerza de voluntad… Con una mirada entendimos
que era hora de irnos…
Ya no sé cómo llegamos a casa… Fue
una tortura, fugaz pero lento a la vez… Deseando desnudarnos y acabar con lo
que empezamos. Y me ató las manos a la espalda con esa negra corbata… Y me tuvo
como una presa durante un rato, hasta que rendido me miró a los ojos con desesperación,
suavidad, cariño, pasión… Mientras me desataba y finalmente, sin quitar sus
ojos de los míos me dijo “necesito que me toques…”. Y continuamos mejor que
nunca… Y nos colgamos un poco más…
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