Bienvenidos y muchas gracias

He aquí mis más recónditos pensamientos, esos que no suelen salir a la luz, esos que te corroen y que solo sacian expulsándolos, compartiéndolos aunque nadie los lea, aunque a nadie les interese. Porque todos necesitamos desahogarnos y, de paso, saber quienes se molestan en comprenderte, en escucharte y en consolarte en la medida de lo posible. Solo espero que quienes por casualidad caigan en las garras de este trocito de mi vida, pequeño pero intenso como el que más, sientan similitud con lo que me vuelve loca día tras día, para así no ser la única loca de este planeta.

viernes, 24 de agosto de 2012

COMO EN CASA...


Estaba en mi terraza, trabajando como de costumbre. Entré solo un segundo y cuando volví a salir vi a una mujer sentada en una mesa, sola… Una mujer que acababa de llegar. Me acerqué a ella y le pregunté si quería algo. Entonces al segundo mis ojos divisaron su cara de tristeza, me concentré en ella y mis oídos escucharon sus insistentes excusas… Me di cuenta de repente de los dos bastones apoyados sobre la mesa. Ella solo sabía decir “Lo siento, pero necesito sentarme mientras mi marido va a por el coche”. Se me calló el mundo encima… Y seguía excusándose, y yo no sabía que decir para que simplemente se quedara tranquila donde estaba, que comprendiera que no había ningún problema… Y le ofrecí agua, pero la rechazó...

Entonces entré más rápido de lo normal, me fui a una esquina escondida, porque mis ojos no podían contener las lágrimas… Y me cubrí la cara, para que nadie me viera en ese estado y menos trabajando. Y de repente una compañera se acercó y me preguntó si todo estaba bien, me di la vuelta y con mi mejor cara y mi mejor sonrisa asentí… Pero estaba completamente destrozada, quería llorar, gritar y aparecer en casa por arte de magia, en tan solo un segundo, aparecer en mi verdadera casa…

Porque siento que la he dejado sola, tal como esa mujer estaba… Sentada esperándolo a él… Al que quizás odia más que a nadie en el mundo, pero al que necesita para vivir su limitada vida… Y día a día, sola, sin nadie que sustituya esos bastones, sin nadie que se siente a esperar a su lado… Sin nadie que le proporcione el cariño que necesita, el cariño que se merece… Sin nadie que la llene de besos. Sin nadie que haga su mísera vida un poco menos desgraciada…

Y estuve pendiente todo el tiempo, sin que ella fuera consciente. Y vi cómo un coche subía a la acera, cerca de los veladores… Y casi muero… Y dejé lo que hacía y corrí hacia ella. Y le ofrecí toda mi ayuda, coger todo lo que llevaba, agarrarse a mí, no me importaba… Estoy más que echa a ello y quizás hasta lo eche un poco de menos… Y él vino corriendo, un hombre alto, lampiño, con un poco de barriga, igual que él… Y me dieron las gracias mil veces, y yo con las lágrimas saltadas de nuevo quise abrazarlos y decirles que los entiendo tanto… Que nadie merece lo que pasan, que la vida es dura, aunque ellos lo saben mejor que nadie. Que deben ser fuertes, que deben seguir adelante, que nunca dejen de luchar contra la gravedad, aunque finalmente, igual que todos, pierdan la partida...

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