Me encantan
esas manos grandes, fuertes… Esas manos que tocan, cogen, agarran todo y hasta
envuelven mi cara. Me encanta cuando envuelven mi cara y cuando se enredan en
mi pelo. Me encantan esas venas con las que podría jugar durante todo el día.
Ese cuerpo delgado y fibrado, esos labios y ese diente hacia fuera…
Me
encanta ese pelo grueso y fuerte… Y sobre todo, ese que cae hacia delante. Me
encanta intentar arreglarlo sin éxito. Y me encantan esas canas desperdigadas…
Me imagino cómo será en unos años y me encanta...
Me
encanta cuando duermo a su lado… Me encanta cuando siento su calor y su olor. Me
encanta estar abrazada a él y ser él lo último y lo primero que siento en mis
días… E incluso no me importa si cada uno duerme por su lado, porque me sigue
encantando dormir tan solo rozando su pierna, su brazo o su espalda… Sintiendo
que sigue allí, a mi lado. Sintiendo que no se ha ido a ningún lugar lejos de
mí…
Me
encantan esos arrebatos de locura, cuando me aprieta contra él porque no puede
más. Y esa cara que pone… Y me encanta cuando se pone celoso por cualquier
mínima cosa, me encanta porque así sé que significo algo para él… Me encantan
aunque en ese momento rabie de impotencia. Me gusta ponerlo celoso. Y después
de eso, me encanta tener que hacerle entrar en razón y enseñarle que es lo
único que me importa, aunque él nunca lo sienta así…
Y
me encanta porque la reconciliación es lo mejor de todo. Cuando nos abrazamos y
me doy cuenta de que no puedo estar sin él. Cuando todo un mundo de discusiones
se reduce en un segundo y no importa si seguimos enfadados, pero necesito estar
a su lado… Cuando me acerco a él, nos miramos, me toca, me apoya contra él, me
abraza con fuerza…
¿Cómo
puedo sentirme tan tranquila entre sus brazos? Es como si no hubiera nada más,
como si todo lo que me preocupara desapareciese en un solo instante. Él calma
mis nervios, mis miedos, mis inseguridades, mis problemas, mis pensamientos…
¡Todo! Y aunque sé que cuando me separe de él todo va a estar allí de nuevo, no
me importa… Tan solo puedo relajarme, respirar, olerlo, besarlo y quererlo cada
vez un poco más…
Es
verdad… Hay cosas con las que me costaría vivir, que todavía no se cómo las
sobrellevaré, pero no me importa. No importa porque lo que sé, es que desde luego,
sin él no puedo…
Siempre
me ha costado tomar decisiones, y más aún las drásticas, las decisivas,
importantes… Y Dios sabe que lloro cuando tengo que hacerlo, que suplico ayuda,
que desearía ver el futuro… Y me cuesta dejar cosas atrás. Pero siempre me
consuelo diciendo que la vida es eso… Riesgo. Se escoge y se gana o se escoge
y se pierde. Se juega y se arriesga…
No hay comentarios:
Publicar un comentario