Bienvenidos y muchas gracias

He aquí mis más recónditos pensamientos, esos que no suelen salir a la luz, esos que te corroen y que solo sacian expulsándolos, compartiéndolos aunque nadie los lea, aunque a nadie les interese. Porque todos necesitamos desahogarnos y, de paso, saber quienes se molestan en comprenderte, en escucharte y en consolarte en la medida de lo posible. Solo espero que quienes por casualidad caigan en las garras de este trocito de mi vida, pequeño pero intenso como el que más, sientan similitud con lo que me vuelve loca día tras día, para así no ser la única loca de este planeta.

martes, 11 de septiembre de 2012

ME ENCANTA...

Me encantan esas manos grandes, fuertes… Esas manos que tocan, cogen, agarran todo y hasta envuelven mi cara. Me encanta cuando envuelven mi cara y cuando se enredan en mi pelo. Me encantan esas venas con las que podría jugar durante todo el día. Ese cuerpo delgado y fibrado, esos labios y ese diente hacia fuera…

Me encanta ese pelo grueso y fuerte… Y sobre todo, ese que cae hacia delante. Me encanta intentar arreglarlo sin éxito. Y me encantan esas canas desperdigadas… Me imagino cómo será en unos años y me encanta...

Me encanta cuando duermo a su lado… Me encanta cuando siento su calor y su olor. Me encanta estar abrazada a él y ser él lo último y lo primero que siento en mis días… E incluso no me importa si cada uno duerme por su lado, porque me sigue encantando dormir tan solo rozando su pierna, su brazo o su espalda… Sintiendo que sigue allí, a mi lado. Sintiendo que no se ha ido a ningún lugar lejos de mí…

Me encantan esos arrebatos de locura, cuando me aprieta contra él porque no puede más. Y esa cara que pone… Y me encanta cuando se pone celoso por cualquier mínima cosa, me encanta porque así sé que significo algo para él… Me encantan aunque en ese momento rabie de impotencia. Me gusta ponerlo celoso. Y después de eso, me encanta tener que hacerle entrar en razón y enseñarle que es lo único que me importa, aunque él nunca lo sienta así…

Y me encanta porque la reconciliación es lo mejor de todo. Cuando nos abrazamos y me doy cuenta de que no puedo estar sin él. Cuando todo un mundo de discusiones se reduce en un segundo y no importa si seguimos enfadados, pero necesito estar a su lado… Cuando me acerco a él, nos miramos, me toca, me apoya contra él, me abraza con fuerza…

¿Cómo puedo sentirme tan tranquila entre sus brazos? Es como si no hubiera nada más, como si todo lo que me preocupara desapareciese en un solo instante. Él calma mis nervios, mis miedos, mis inseguridades, mis problemas, mis pensamientos… ¡Todo! Y aunque sé que cuando me separe de él todo va a estar allí de nuevo, no me importa… Tan solo puedo relajarme, respirar, olerlo, besarlo y quererlo cada vez un poco más…

Es verdad… Hay cosas con las que me costaría vivir, que todavía no se cómo las sobrellevaré, pero no me importa. No importa porque lo que sé, es que desde luego, sin él no puedo…

Siempre me ha costado tomar decisiones, y más aún las drásticas, las decisivas, importantes… Y Dios sabe que lloro cuando tengo que hacerlo, que suplico ayuda, que desearía ver el futuro… Y me cuesta dejar cosas atrás. Pero siempre me consuelo diciendo que la vida es eso… Riesgo. Se escoge y se gana o se escoge y se pierde. Se juega y se arriesga… 

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