¡Cómo la odio! Con esa voz tan
desagradable, que no puede si quiera callarse un minuto, con ese inglés tan
desesperante… Y por mucho que la miro para intentar aceptar que quizás no es
tan mala, por mucho que la miro y la escucho, ¡nada! Simplemente la odio cada
vez más…
Cuando
aparece de repente, el día estupendo se convierte en una pesadilla. Cuando mis
ojos la ven y mis oídos la escuchan, mi cuerpo se revuelve y la alegría se va…
Y aparecen las ganas de estar sola, las ganas de destrozar cada célula de su
cuerpo, las ganas de reventar a gritos diciendo toda la puta verdad sobre su
desgraciada vida, las ganas de echarme a llorar y suplicar a Dios que la aparte
de mi vida… Las ganas de que no exista…
Con
esa ansia de comerlo todo y a todos… Con esa vida loca, esa irresponsabilidad,
esa adolescencia, niñez incluso, con esa estupidez, inconsciencia…
Y
quiero gritarle y decirle “Mírate cómo te malgastas, como te quitas valor, como
desperdicias lo que tienes, lo que eres… ¡Mírate! ¿Quieres seguir malgastando
tu tiempo de esa manera? ¿Desgraciada y furcia toda tu vida? Pues vas por el
buen camino si eso es lo que deseas… Sal, drógate, emborráchate cada noche,
duerme cada mañana y cada día, folla con el primero que te mire de reojo, vive
loca e inconsciente y piensa solo en empezar de nuevo, noche tras noche… ¿Porqué no? Haz lo
que quieras con tu cuerpo, con tu vida, pero no con la de ella. Porque ella no
es como tú, ella es buena, está limpia… Déjala y no la arrastres contigo,
déjala aquí conmigo e incluso sola, tranquila, madura, que así es la vida real…
¡Mírate! ¿Quieres que ella sea como tú? Claro… Así no te sientes más sola…”
Pero
me callaré por ella, me callaré hasta no poder aguantar mi ira ni un segundo
más…
De quienes hablamos?
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