En este último
año me han ocurrido miles de cosas, buenas y peores... Y Cuando me preguntan cómo me fue no sé qué decir, ¡no sé que
contarles! Así que me limito a vocalizar todo aquello que quieren escuchar para
así quitármelos de encima lo antes posible. No me importa... ¡no me importan! Y
eso es algo que he aprendido no hace mucho, la indiferencia total a todo
aquello que no es relevante en mi vida. Me va demasiado bien, algo falla...
Ni si quiera
me cuesta afirmar que desde que pisé tierra amiga no he estado demasiado
católica. Aunque literalmente desde luego que no. No he sido la "yo"
que todos esperaban encontrar y menos aún la que añoraban... ¡Soy muy
consciente! Pero resulta que a pesar de los numerosos factores que lo
provocaban, simplemente no me apetecía... Y no termina la cosa ahí, es que he
cambiado mucho en este año, o al menos un poco...
He de reconocer
que mi vida se me iba un tanto de las manos, un tanto bastante grande. Y
comenzaba a tener un poco de miedo. Miedo de no poder disfrutar como antes, de
que mi sonrisa no fuese a juego con mis ojos nunca más, de seguir sin ganas de
levantarme cada mañana o de no volver a sentir ilusión por nada... Y ese miedo
sigue dentro de mí, en menor medida pero dentro... Y aunque no me guste su
presencia, temo que la indiferencia sea capaz de absorberlo completamente. No
sé qué sería peor...
Creo que nunca
hubiese despegado de mis raíces si mi vida hubiese estado tan llena como
ahora... Por eso doy las gracias por que haya ocurrido tal como lo ha hecho.
Así, sin si quiera daros cuenta, seguiríais levantándome día tras día un poco
más arriba, haciendo que la ilusión florezca un poco más temprano y evitando
que lo que ocupaba el puesto de necesidad sea ahora lo que debe ser, un complemento
de mi individualidad...
Soy
consciente de que los que me rodean tienen paciencia al aguantar mis lapsus
depresivos y mi demanda constante de cariño. Soy consciente de que luchan
porque mi negatividad desaparezca, aunque aún así sigo viendo demasiadas cosas
de color negro... Y no sé cómo agradecer que si al menos no me sacan de este agujero
enorme y hondo, bajan a mi lado a abrazarme. Soy consciente de ello, no me
gusta la ignorancia y manejo el conocimiento lo mejor que sé hacerlo. Así que
gracias a esos desconocidos que por puro placer e inconscientemente animan cada
hora de mis días, a esa gran pequeñita persona a la que quiero tanto y sobre todo a mi segunda, que ha aguantado carros y carretas,
y que en vez de alejarse, nunca ha dado esto por perdido.
A veces me da
la impresión de que quizás la vida se ha encargado de reunir a pájaros que
volaban sin un rumbo fijo, un poco perdidos en el cielo enorme y monótono...
Que gracias a sus vuelos, fuesen cuales fueran, han topado de frente en ese
inmenso mar azul y que la vibración del viento al mover las alas ha provocado
satisfacción y felicidad dentro de ellos... Y vuelan juntos, no se sabe hasta
cuándo ni hasta dónde. Solo son conscientes del sentimiento que experimentan y
disfrutan de él hasta que el viento sople en contra y esas vibraciones dejen de
llegar a lo más profundo.
Hasta entonces
e incluso para siempre... ¡Gracias por devolverme lo que perdí!
Genial. Hoy la que se ha puesto tontorrona leyendo esto he sido yo. Gracias por dejarme formar parte de todo esto, y por todo lo que me aportas cada día. Tq mojona! Te quiero.
ResponderEliminarGracias hija por la parte que me toca me siento complacido a saber que sin quererlo te estaba ayudando y no te preocupes por si tus ojos hacen juego con tu sonrisa que esos ojos hacen juego con todo ..un beso y un abrazo muy fuerte
ResponderEliminar