Bienvenidos y muchas gracias

He aquí mis más recónditos pensamientos, esos que no suelen salir a la luz, esos que te corroen y que solo sacian expulsándolos, compartiéndolos aunque nadie los lea, aunque a nadie les interese. Porque todos necesitamos desahogarnos y, de paso, saber quienes se molestan en comprenderte, en escucharte y en consolarte en la medida de lo posible. Solo espero que quienes por casualidad caigan en las garras de este trocito de mi vida, pequeño pero intenso como el que más, sientan similitud con lo que me vuelve loca día tras día, para así no ser la única loca de este planeta.

jueves, 6 de marzo de 2014

Nada dura para siempre...

Alguien a quien siempre tuve un cariño especial le dijo a mi padre una vez "déjala que llore, que se desahogue". Y a veces me da la sensación de que desde entonces no he dejado de hacerlo.

Recuerdo ese día a la perfección. Un día triste para una niña de ocho años y una familia de lucha diaria a comienzos de desmoronarse, entrando en la desesperación y la depresión. El día en el que aprendí cosas de la vida que los libros no pueden enseñarte, que solo la experiencia y el ensayo-error son capaces de aportarte.

Entonces comprendí a donde nos lleva la vida. A través de un camino de sufrimiento y dolor. Hacia un destino inevitable, un camino predeterminado para todos, un final sin vuelta atrás. Fui consciente, quizás entonces, del miedo. Ese miedo que se apodera de nuestra fortaleza y la convierte en la mayor debilidad que jamás podamos sentir, miedo sobre todo a perder lo que tienes, lo que quieres, lo que te aporta seguridad.

Pero ¿Qué es la muerte sin el miedo? ¿Qué sería si ese sentimiento desesperado que te vuelca el corazón en una milésima de segundo no existiera? ¿Seríamos crueles e insensibles? ¿Existiría el riesgo, la pasión, el amor o la felicidad? La vida nos pone a prueba, ¿Para qué? Quizás sea un simple estadio más de algo mucho más enorme.

Aún después de dieciséis años, el miedo sigue apoderándose de mi. Mi corazón da un vuelco y se acelera, la adrenalina empuja fuera el cansancio, mi pulso tiembla y mis ojos se empañan. Pero la experiencia ha cambiado algo en mí. Mi mente ágil hace que mis pensamientos vuelen con sentido e intenta relajar mi cuerpo. Quizás la vida y sus derrotas, tristemente, me han hecho asumir que nada dura para siempre...

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