
Aunque digamos rotundamente que no, lo cierto es que ni nosotros mismos nos conocemos del todo. No sabemos de qué somos capaces, ni por qué, por quién o por cuánto… Y cuando esa faceta sale a la luz pensamos que será la excepción de la regla, pero lo que no sabemos es que somos la infracción de la regla en su puro auge, rebelde y cruel como sí misma. Que afecta desde la individualización hasta la colectividad, que corroe la bondad y rebosa de placer, salvándonos así de una lúgubre monotonía.
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