
¿Cuánto puede sufrir una vida? ¿Cuánto daño y dolor podemos llegar a resistir? ¿Cuánto somos capaces de soportar? Miramos cómo pasa nuestra vida, deseamos tantas cosas, y nos arrepentimos de todas las demás. Y sufrimos.
Envidio a aquellos suertudos ignorantes que se pasean por ella sin ser capaces de comprender lo que miran, sin importarles lo que ocurre. A veces llego a pensar que el verdadero don es la ignorancia y no el poder de comprensión.
¿Cuánto más debe sufrir una vida para poder dejar de llorar y sonreír sin miedo a ese escalofriante cambio rutinal? ¿Cuánto peso puede soportar unos débiles hombros? Golpe tras golpe, miedo tras miedo. ¿Cuánto más puede fortalecerse una vida después de cada golpe? ¿Cuándo veremos el final de la pesadilla? ¿Cuándo viviremos algo mejor? ¿Cuándo dejaremos de sentir esta impotencia?
Llorar y quedarte sin lagrimas, gritar hasta deshacer el nudo que te ahoga, intentar respirar hondo y no poder, cerrar los puños hasta clavarte las uñas, romper, patalear, agonizar, dar puñetazos a todo lo que encuentres, rasgarte la piel y dejarte la garganta suplicando e intentando comprender…
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