
Toda mujer en algún momento de su vida, como yo ahora mismo, tiene unas ganas locas de tropezarse casualmente con un hombre atractivo que la mire como bella obra de arte, que le insinúe, que le susurre al oído. Y encontrarse, sin saber cómo, rato después, tumbada en una lujosa cama de dos plazas sintiendo el suave peso y aroma de ese casi desconocido. Besos por todo el cuerpo, caricias suaves y eróticas, miradas intensas, delicadeza, susurros calientes, ropa de menos, jadeos y la infinita esencia de la pasión y el éxtasis puro.
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