Bienvenidos y muchas gracias

He aquí mis más recónditos pensamientos, esos que no suelen salir a la luz, esos que te corroen y que solo sacian expulsándolos, compartiéndolos aunque nadie los lea, aunque a nadie les interese. Porque todos necesitamos desahogarnos y, de paso, saber quienes se molestan en comprenderte, en escucharte y en consolarte en la medida de lo posible. Solo espero que quienes por casualidad caigan en las garras de este trocito de mi vida, pequeño pero intenso como el que más, sientan similitud con lo que me vuelve loca día tras día, para así no ser la única loca de este planeta.

domingo, 25 de diciembre de 2011

CRUEL DESEO

Mientras hacíamos aquella estupidez, a la que asistí como excusa para conocerte, he estado deseando tu cercanía. Cuando me tendías la mano mi cuerpo no sabía qué hacer, mi mente no sabía cómo reaccionar. Me aferraba a ti con fuerza y me sentía segura, muy segura. Y deseaba que esa fría capa desapareciera para dejarme tocar tu piel, entrelazar mis dedos con los tuyos y apretar con fuerza.

Simplemente no podía dejar de pensar en cómo serían tus labios junto a los míos, tus brazos alrededor de mi cuerpo. Lenguas, calor, miradas, tu increíble cuello, tironcitos del pelo, abrazos, tus manos tocando todo mi cuerpo y mis manos el tuyo, gemidos, suspiros, murmullos al oído y de nuevo calor. Calor entre tú y yo, calor reconfortante y ardiente. Caricias, piernas entrelazadas, roces, más besos, más lengua, más manos y más de todo… No podía dejar de pensar en todas esas cosas, juntos, acurrucados en una cama. Nuestros cuerpos vestidos, tu brazo rescatando mi cuerpo, tu cuerpo presionando el mío para que no me devore la tierra, para que me quede a tu lado, a salvo… Y quedarnos así dormidos, sintiendo tu calor y tu aliento, tus besos y tus susurros. Sintiéndote.

No podía dejar de mirarte, mirar tu perfecto cuerpo, tu cara. Miradas a escondidas. Mirarte a cada segundo, y aunque sabía que en cualquier momento podrían darse cuenta, no me importaba. No podía fingir normalidad cuando te acercabas a mí, no podía dejar de mirarte con cara de estúpida, de deseo, de ansias de ti… Qué hubiera sido si ellos no hubieran estado...

Y ahora, aquí estoy, sin saber cuándo volveré a verte ni a saber de ti, deseando que tú sientas lo mismo que yo, e imaginando todo aquello que quiero contigo. Aquí, añorando tu firme mano y tu sonrisa que noté nerviosa y tímida, ansiando esas miradas que noté atentas pero disimuladas, prudentes. Aquí muriéndome de ganas de verte y cerrando los ojos para poder retener tu imagen perfecta... Cruel deseo que no me deja en paz, que no me deja pensar con claridad, que no me deja desviarme de ti. Cruel y perfecto deseo...

3 comentarios: