
Tengo miedo... Me siento como una niña pequeña que va a montarse por primera vez en una montaña rusa.
Tengo miedo a lo desconocido. Miedo a la extrema soledad y miedo al fracaso. Tengo miedo a mi capacidad de adaptación y desenvoltura, a mi impaciencia y a mis locas decisiones…
Tengo miedo a perderme. Perderme en un lugar en el que no pueda encontrarme. En un lugar en el que nadie se preocupe por mí, en el que no sea capaz de mejorar lo que siento, padezco y vivo hoy por hoy. Un lugar en el que no me sienta tan segura como aquí, en casa…
Me siento como esa niña que se ilusiona con la idea de ir al parque de atracciones, pero en la cola de la montaña piensa detenidamente lo que está haciendo.
Entonces su mente le juega una mala pasada. Ella siempre ha esperado ese momento y ahora mira… Asustada, quiere darse la vuelta y volver en brazo de sus padres. Solo quiere sentirse segura, siempre, con ellos. Y así de paso no tener que arrepentirse por nada.
La única y devastadora diferencia, es que los niños no piensas en estas cosas tanto cómo los adultos... Así que ella irá al parque y se subirá en esa montaña rusa. Ella disfrutará del paseo y, casi con total seguridad, querrá volver a montarse de nuevo. Pero… ¿Terminará esta historia igual?
Siempre digo… ¡Cuánto echo de menos ser niña y no pensar, ser inconsciente e inocente y no sufrir, ser conformista y no soñar más allá de la cordura!

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