
Hasta ahora no he sido plenamente consciente, y solo gracias a esa inesperada y productiva conversación, que mi propósito fundamental de este viaje no es el idioma, la cultura o el hecho de huir de los problemas.
Mi propósito es volver con las ganas de vivir que me faltan, pensando que la vida merece la pena. El propósito es levantarme cada mañana con ilusión y esperanza, con vistas a un futuro lleno de posibilidades que me agraden. El propósito fundamental es dejar de ser tan sumamente pesimista y ver la vida con otros ojos, salvar mi vida de la amargura y la depresión, de la monotonía y la desgracia. El propósito es abandonar la supervivencia para ir más allá de ella. Es convertirme en una persona feliz, libre de cuerpo y alma y completa…
Quizás sea demasiado pedir para un simple viaje…
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